Puede que tenga la pinta de un tipo duro y desaliñado, pero en el fondo de este hombre tisico y que siempre va de negro, hay un hombre sencible que busca la paz interna al paso de los años, una taza de café en la mesita de centro, compartirlo con un amigo en una muy buena plática que sea generalmente monolateral, que se acabe el humo y decesperadamente busquemos más, en aquella avitación de cuarto de tia-abuela, con tapiz color insipido en la pared, adornos escalofriantes y llenos de polvo, espejos enmohecidos por la humedad y el tiempo, que apenas se alcance a vislumbrar el reflejo mórbido que ha dejado la vida y las almas que por ahi transitan (que tratan de decir algo, pero ante la aparía de los vivos, no logramos ver ni contemplar su precencia). Soy un hombre que “gusta de buenos gustos”, un buen vinito, ver una hermosa fotografía carcomida por el tiempo, que traiga recuerdos de infancia que resuman y expliquen mis trahumas, mis tristezas, mis nostálgias, mis vehemencias… Pero olvidandonos de todo esto, aqui iniciamos esta sección donde hablaremos de “musica enpolvada para morir un rato”, “musica ahumada para reir un rato”…